Los 8 influencers de viajes más importantes de la historia

Julio Verne escribió Historia de los grandes viajes y de los grandes viajeros, donde hizo un repaso cronológico a los viajeros que inspiraron sus grandes novelas: desde Heródoto a los exploradores polares. Cada uno de los nombres que pueblan las más de 250 páginas del libro ayudaron a configurar el mundo moderno tal como es hoy en día. En cierta forma, ellos son los primeros influencers de viajes, y ríete tú de la instagramer Dulceida y compañía.

Imagina que Heródoto hubiera tenido cuenta en Twitter, nos habría mostrado el mundo conocido en 140 caracteres; o a Marco Polo, en Instagram, ¡la de maravillosas fotos de la Ruta de la Seda que habría subido! ¿Y qué decís del Facebook de Darwin? O un Instagram Stories en directo de Neil Armstrong en la Luna ya sería lo máximo. No se nos ocurren mejores inspiradores a la hora de viajar. Por lo menos, nosotros no dejaríamos de seguirles en nuestras redes sociales.

Estos son los 8 influencers más grandes de toda la historia viajera

 

Heródoto (siglo V. a.C.)

 El de Halicarnaso viajó para contar: en su Historiae describió con detalle el mundo y los acontecimientos que marcaron su época. Es cierto que en ocasiones se le ha acusado de ser demasiado fantasioso; pero como dijo el genial cronista Ryszard Kapuscinski: “El pasado no existe. Sólo hay infinidad de versiones”. Lo que Heródoto intentó hacer fue fijar un pasado -“los hechos de los hombres”-.

Curiosamente, los inicios viajeros del griego fueron por obligación. Lo enviaron al exilio por conspirar contra el tirano de Halicarnaso (actualmente, Bodrum). Una vez en el destierro, debió pensar que no le quedaba más que irse de viaje por casi todo el mundo conocido en su época: desde Sudán a la Europa Central y la India. Digamos que Heródoto fue el primer cosmopolita del mundo, y ¡sin compañías aéreas de low cost!

Egeria (siglo IV)

 Fue la primera viajera y fue gallega. Caían los últimos días del Imperio Romano en el siglo IV, cuando esta joven rompió todas las limitaciones sociales y comenzó su fabuloso viaje por tierras bíblicas. Durante algo más de tres años, viajó por Constantinopla, Mesopotamia, Sinaí, Jerusalén e incluso llegó a Egipto, convirtiéndose en toda una celebridad como peregrina cristiana.

A pesar de que lo narró todo en su Itinerarium ad Loca Sancta, su trayectoria se pierde en las sombras de la historia. En las últimas líneas del libro aparecen planes para seguir con nuevas expediciones por Asia Menor; pero se le perdió el rastro o, nosotros creemos que prefirió dejar un “Continuará” como despedida.

Marco Polo (1254-1324)

Marco Polo nació en Venecia y murió en la misma ciudad el 8 o tal vez el 9 de enero de 1324. Durante la Edad Media el mundo era muy difícil de recorrer; él, sin embargo, llegó al extremo más oriental de Asia. Aún así, en su lecho de muerte dicen que exclamó: “¡Sólo he contado la mitad de lo que vi!”. Su particular Erasmus comenzó al zarpar al lejano Oriente con 17 años junto a su padre y su tío, mercaderes de joyas y seda. Se pasó más de 20 años viajando. De todas sus experiencias como trotamundo salió el Libro de las Maravillas del Mundo, un auténtico best seller de la época que ríete tú de la Lonely Planet, en el que se mezcla realidad y ficción (dragones, centauros y humanos con cabeza de perro) y que influyó al mismísimo Cristóbal Colón.

Lady Mary Wortley Montagu (1689-1762)

Mary Wortley Montagu es la primera mujer que estuvo en un harén de visita y lo contó. Fue toda una outsider que rompió con la vida cómoda de aristócrata al uso en Londres y acompañó a su marido, que había sido nombrado embajador ante el Imperio otomano, a Constantinopla. Para ella, el viaje fue un antídoto a la depresión que sufría mucho mejor que le té de las cinco. Desde el primer momento se alejó del perfil típico de embajadora consorte, para aventurarse y descubrir la sociedad otomana. Llegó a disfrazarse de hombre para entrar en lugares prohibidos para las mujeres, como la mezquita de Santa Sofía (en la actual Estambul) o entrar en los harenes del sultán. Todo ello lo relató en cartas que enviaba a sus amigos y que, al poco de morir, fueron publicadas en un tomo que inspiró a los viajeros románticos que soñaban con conocer Turquía.

Alexander von Humboldt (1769-1859)

El primer geógrafo moderno. El joven se especializó en diversas áreas de la ciencia y realizó su primer viaje formativo en la primavera de 1790  a lo largo del río Rin hasta Holanda y de allí a Inglaterra, con lo que empezó a soñar con navegar a otros continentes. Ya sabéis que lo de los viajes acaba convirtiéndose en algo compulsivo. Él no pudo parar.

¿Y cómo se financió sus costosos viajes? Resulta que tras la muerte de su madre, recibió una importante herencia que le permitió vivir sin trabajar. El naturalista alemán exploró todo América del Sur, parte de Asia Central y Europa, alcanzando logros que en la época eran auténticos récords mundiales. Por ejemplo, llegó al punto más lejano del centro de la Tierra conocido entonces, o lo que es lo mismo, el punto más cercano al Sol sin dejar la Tierra: el volcán Chimborazo, en Ecuador. Todo un aventurero como Simón Bolívar solía decir que Humboldt era «el descubridor científico del Nuevo Mundo, cuyo estudio ha dado a América algo mejor que todos los conquistadores juntos».

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David Livingstone  (1813-1873)

“El doctor Livingstone, supongo”, preguntó con toda la flema británica de la que fue capaz el periodista Henry Morton Stanley cuando vio al explorador escocés David Livingstone el 10 de noviembre de 1871 en Ujiji, a las orillas del lago Tanganika. Las aventuras del doctor Livingstone, quizá el explorador más famoso de todos los tiempos, son legendarias y en la época fueron más mediáticas que el programa de Jesús Calleja. Las crónicas del encuentro y el viaje que hicieron juntos durante cuatro meses le lanzaron a la fama. Entre los abundantes descubrimientos de Livingstone se encuentra el de las cascadas que las tribus conocían como “Mosi Oa Tunya” (el humo que retumba). Sí, las actuales cataratas Victoria. Ejemplo de viajero empedernido, murió con las botas puestas en un pequeño poblado del lago Bangweulu, en Zambia. Su cuerpo fue enterrado en la Abadía de Westminster; pero dicen que los africanos enterraron su corazón bajo un árbol porque pertenecía a África.

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Roald Amundsen (1872-1928)

Una de las aventuras más peligrosas del siglo XIX fue la que llevó a un puñado de hombres a la conquista del polo Sur. La mañana del 16 de enero de 1912 al capitán británico Robert Falcon Scott le quedaba poco para alcanzar su destino como el primer hombre en llegar al polo Sur. Tras 1.400 kilómetros de durísimo recorrido, vieron de pronto un pequeño punto en medio de la inmensidad de nieve.¡Pero allí no debía haber nada! Al acercarse, aquello era la bandera de Noruega. Resulta que el explorador Roald Amundsen se le había adelantado. Sin apenas asimilar la cruel derrota, los hombres de Scott emprendieron el retorno. Fueron muriendo uno a uno en el camino. Les mató el frío y la tristeza.

¿Fue Roald Amundsen un triunfador? Pues las cosas no son siempre blanco o negro. El verdadero sueño del noruego había sido ser el primero en conquistar el polo Norte; pero el americano Robert Peary se le adelantó en 1909. Entonces, puso su punto de mira en el polo Sur. Por ello, al escribir sobre sus logros dijo que no había conocido “hombre alguno que se encontrara en un lugar tan diametralmente opuesto a sus deseos como yo en aquel momento”. La cita vale para cualquier libro de autoayuda.

Anita Delgado Briones

La suya fue una vida de novela. Nació en 1890 en Málaga y acabó como princesa en la India. Tenía poco más de 16 años y se ganaba la vida como bailarina en Madrid cuando el maharajá de Kapurthala, uno de los hombres más ricos por entonces, se enamoró de ella. Tal fue su encaprichamiento que se la llevó a París para que fuera educada como su futura esposa. Estudió baile, inglés, tenis, piano, protocolo, incluso, billar. Le construyeron una réplica de Versalles. Su boda fue un lujo. Podría haber sido un auténtico cuento de hadas, si no hubiera sido porque el príncipe quería que su reciente esposa se comportara de forma sumisa. Algo que Anita no aceptó, por supuesto, porque si no, no estaríamos hablando de ella. Criticó el feudalismo y machismo de la sociedad india y llegó a escribir diferentes libros de viajes, artículos para revistas y periódicos y colaboró con la Cruz Roja durante la Primera Guerra Mundial. Una vez separada de su marido, vivió una vida bohemia por Europa y murió en Madrid en 1962. Sin duda, habría sido una gran youtuber y una feminista de tomo y lomo.

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2018-07-03T17:50:12+00:00 Inspiración viajera|